101 días tirados por la borda.
Cuando todo se hace nada, cuando la traición puede con todo
y el orgullo arrasa.
El nudo de la garganta no parecía deshacerse de ninguna
forma. La rabia podía con las ganas de llorar y no derramó ni una lágrima, pero
el nudo seguía allí, intentando acabar con todo. Y lo hizo, no el nudo sino
él. Reventar cosas no iba a devolver su mundo conjunto, pero la tristeza menos
y todo se quedó en vacío. Nunca aprendió
a ignorar pero sí que le enseñaron a cortar por lo sano cuando las cosas se
ponían feas. Y pasó de querer comerle a besos a no querer verle nunca más.
Los reproches siempre fueron inútiles. Las personas no cambian, simplemente ocultan lo que verdaderamente son. Y luego la mala era ella.
Los reproches siempre fueron inútiles. Las personas no cambian, simplemente ocultan lo que verdaderamente son. Y luego la mala era ella.