A pesar de todo mi futuro está aquí.

Cuando estás rodeada de gente pero te sientes sola y te acuerdas de casa. Esa casa que te vio crecer y de la que ahora estás tan lejos. Te acuerdas de tu familia y de las comidas de mamá. De las costumbres, de la poca agua que salía de tu ducha, del calor de tu cama y de los rituales que seguías con tus amigas... y lo extrañas, lo extrañas TODO. Aquí todo es rapidez, todo son prisas y yo con mi lentitud llegando siempre tarde pero llegando, paso a paso y cada vez más cerca de mi sueño. Echo de menos las peleas con mi hermana, las broncas de mi madre y las jodiendas de papá. Echo de menos las canciones de la abuela para dormir la siesta, ver a mi abuelo fumar, las comidas de los domingos, la herencia de la cuchara azul y el olor tan peculiar de casa de mi tía. Echo de menos a mi perra y sus bienvenidas a casa, agitando el rabo. Echo de menos mi sofá, mi manta, las tonterías de mi madre, las gilipolleces de mi hermana y las sardinetas de papá. Echo de menos llegar a casa y tener a quien contarle lo que he hecho hoy en clase, incluso extraño pedir permiso para salir. Echo de menos ir por la calle y ver caras conocidas y poder ir andando a todos sitios... Y te pones a recordar y te acuerdas de la comida de tu madre, de las broncas con tu hermana por la ropa, las súplicas de tu abuela porque te cortes el pelo, el tabaco rubio del abuelo, la forma de afeitarse de papá y el sol de la Mancha.

Sin embargo, no me arrepiento de estar en Madrid, ni quiero volver al lugar que me vio crecer porque Madrid tiene algo especial, algo que te hace sentir libre. Aquí he conocido a personas maravillosas, a gente inteligente de verdad pero también a personas egocéntricas e hipócritas. Madrid es donde está mi sueño y seguramente donde viva mi futuro. 

Entradas populares de este blog

Ventilando mi vida.

¿Entelequia?

Aprendí