Podría.
Podría. Claro que podría tener un corazón como superlativo
de coraza, eso lo haría todo más sencillo. Podría preocuparme un poco más por
mi y menos por los demás por eso que dicen que cuando uno empieza a quererse es
cuando comienza el mayor amor de su vida. Podría pegar todas las cartas que
forman mi castillo de naipes y así convertirlo en indestructible, que ni el más
fuerte viento pudiese derribarlo. Podría dejar de leer menos, dejar de cultivar
mi imaginación y centrarme en estudiar más cifras que es lo que mueve el mundo.
Podría pensar en el millón de posibilidades que pueden ocurrir antes de actuar.
Podría dar más la razón y menos el coñazo. Podría ser más insensible, más
pasota, dejar que todo pase y resbale, ser como esos cabezas hueca de los
dibujos animados en los que igual que algo les entra por un oído les sale por
el otro. Podría poner todas las cartas de la baraja sobre la mesa y elegir la
mano más conveniente, la más fácil para ganar, pero soy más de meritocracia. Podría
pensar en cómo afectan mis palabras antes de soltarlas, antes de cagarla. Podría
haber estudiado ciencias y haberme interesado menos por las letras, si total,
no sirven nada más que para comunicarnos, para humanizarnos. Podría cantar
menos o mejor, eso haría más felices a mis vecinos pero sacaría menos sonrisas.
Podría tomarme menos en serio eso de ser del alteti, sufridora y hacerme de
algún equipo de esos que ganan sin proponérselo, sin ilusión ni esfuerzo. Podría
seguramente ser capaz decir más cuánto quiero a la gente que de verdad se lo
merece y querer menos a esa gente que con tan poco esfuerzo lo consiguieron. Podría
esperar menos de la gente, comprender que no todos están dispuestos a dar lo
mismo que tu darías por ellos. Podría bajar algún día de las nubes, dejar de
crear utopías, poner los pies sobre la tierra y saber que todo eso son
imaginaciones mías, que aquí abajo hay guerras, hambre y poca humanidad entre
los propios seres humanos. Podría haber querido dedicarme a otra carrera, a
otra como medicina o arquitectura, de esas útiles en las que no te juegas la
vida por contar lo que sucede en el mundo y en las que no tienes que luchar a
diario contra el diablo que va intrínseco en los seres humanos que se vende por
cualquier puñado de dinero aunque con eso engañe a cualquier bobo dispuesto a
creerse todo lo que les dicen. Podría huir de esta lucha constante entre cabeza
y corazón, dejando la última estocada a la cabeza, seguro que así todo iba
mejor. Podría hablar más sobre mis sentimiento y menos sobre payasadas que
hagan reír a los que me rodean. Podría parar de vez en cuando, dejar de ser tan
luchadora por no decir porculera y agachar la cabeza cuando la razón no está de
mi parte.
Podría. Podría ser muchas cosas, podría ser menos yo y más
vosotros. El problema es que no quiero.